miércoles, 12 de agosto de 2015

Pan con pan; ¿comida de tontos?


Esta entrada va a ir dedicada a algo que he visto, claramente, como inconveniente en mi nueva "condición" alimentaria. Pero antes, quisiera hacer un apunte, y extenderme en un nuevo post acerca de un artículo que he leído recientemente en Facebook.
El título decía algo así, como "si comes carne, matas animales, si no la comes también".
Adjunto el link para quien quiera leerlo, y lo recomiendo, ya que vale mucho la pena:

Link

En resumen habla sobre el argumento estrella de los veganos y sus posibles inconcluencias.
Me pondré como ejemplo, porque siempre hablo desde mi experiencia. 
He reconocido que me he convertido al veganismo para no contribuir con el sufrimiento animal. Pero se nos olvida que los animales de ganadería no son los únicos que mueren sea cual sea tu dieta.
Hasta donde sé, cualquier tipo de plantación a gran escala requiere de cuidados y prevención de que ninguna especie acabe con la cosecha. Al igual que cuando se produce la recogida del grano (para quien consuma trigo, legumbres, etc), o los vegetales, se utiliza maquinaria agresiva con la fauna que allí se encuentre. 
Muchas especies se ven amenazadas por la cantidad de productos químicos que se utilizan y mueren a causa de ello. Hay aves, roedores, réptiles que mueren envenenados a causa de pesticidas o aplastados por moticultores y cosechadoras. 
Con esto quiero decir, y no me extiendo más por ahora, que la muerte está en todas partes, comas o no comas carne, y que lo importante es hacer lo que a cada uno le parezca mejor para sí mismo, dejarse de juicios hacia el lado "contrario", y hacer lo posible por aquello en lo que uno cree.

Dicho esto ...

Estos primeros días de vacaciones, he tenido la suerte de disfrutar cerca de la playa y comer en algún que otro restaurante. "Comer". 
¿Hasta qué punto deberían estar provistos de platos - ya no digo veganos - vegetarianos los bares o restaurantes?
Me he visto en situaciones frustrantes, cuando mi única opción han sido las patatas bravas (sin salsa) y el pan con tomate.
Me propuse no comer nada que contenga producto animal, y para mi el apartar la mozzarella de una ensalada caprese no es válido, pues es peor el cargo de conciencia al rechazar comida que ya ha sido empleada en un plato.
Cierto es que, no se puede esperar gran cosa de un local especializado en parrilladas (que no fue el caso, no soy tan ignorante), pero os sorprendería la cantidad de platos que contienen, aunque sea, un único ingrediente de procedencia animal. Al igual que me asombra el hecho de llamar "ensalada vegetal" a un plato que lleva atún o huevo duro.
Mi entorno me recomienda que no debo hilar tan fino, porque puede perjudicar muchísimo mi vida social o lo que es peor, acabaré obsesionándome. ¿Pero significa eso que debería ser vegana en casa y olvidarme de mi propósito cuando ponga un pie en la calle?
¿El error es mío por no adaptarme al servicio que se me ofrece o es de los locales que no tienen una oferta gastronómica demasiado amplia?
Digamos que, tengo una intolerancia, alergias o que mi religión no me permite comer ciertas cosas: ¿sería distinto? 
Lo que quiero decir con esto, es que sea cual sea el motivo por el cual no como X alimentos, quien tiene un restaurante con un mínimo de platos, debería tener mínimo dos opciones a escoger para aquellos que (ya no digo veganos!) no son amantes de la carne, o los fritos.
Sé que no es una entrada muy estructurada, y quizás carente de argumentos, pero no quiero que se entienda como queja sino como reflexión. Como casi todo lo que escribo.

He decidido alejarme de bandos y posturas radicales. Viniendo de la dieta paleo sería muy hipócrita por mi parte. Pero almenos, sería justo, que las personas que no comemos carne, podamos comer algo más que no sea pan o lechuga cada vez que salimos, sin tener que movilizar a todo el grupo a un restaurante que sea exclusivamente vegano.



miércoles, 29 de julio de 2015

Debate: ¿una puerta que es mejor dejar cerrada?

Siempre he defendido con gran vehemencia las causas que creo justas. A lo largo de mi vida eso me ha costado más de una discusión. No creí que mi nueva postura "cruelty free" fuese a provocar debates cibernéticos tan pronto.
Tengo muy claro que lo que hago, en este caso, forma parte de mi voluntad, sin ánimo de desacreditar opiniones opuestas a las mías, pero hay veces en que una no puede quedarse callada asintiendo cuando escucha (o lee, en este caso) cosas tan vacías de sentido lógico.

Quisiera que esta entrada no fuese interpretada como un acto de apología al veganismo. Hablaré desde mi punto de vista como ser racional capaz de reflexión y con cierto grado de sensatez.

Me deja bastante fuera de juego aquella gente que está, o se proclama, en contra del maltrato animal, sin embargo se alimenta a diario con productos de origen animal.
Como dije en su momento vía Facebook, la muerte es muerte, y ya sea provocada con el fin de trocearla a modo de pincho moruno o para lucirla en la pared del salón, provoca sufrimiento.
He leído argumentos que me marcan la diferencia entre "matar por deporte" y "matar por necesidad". Bien... por dónde empiezo.
Siento hacerme pesada, pero me reafirmo de nuevo en que el concepto "matar" es un acto aberrante sea cual sea su fin. Partiendo de ahí, el concepto "necesidad" no me acaba de quedar claro.
Necesidad era cuando nuestros parientes del paleolítico cazaban. Se alimentaban de aquél único animal y si no tenían, en aquél momento, la suerte de haberse hecho con la pieza, comían lo que la naturaleza les brindaba. Entiendo que si hoy en día me hablas de necesidad, es porque en el año 2015 no existe modo alguno de sobrevivir si no es consumiendo productos de origen animal, ¿me equivoco? No pretendo sonar pedante, pero recapaciten.
En segundo lugar, la caza era un modo de subsistir además de aplicar la selección natural a nuestros colegas cavernícolas. Aquellos que eran buenos cazadores y conseguían alimentar a su prole o clan sobrevivían y se adaptaban al medio. Pasados varios miles de años desarrollaron distintas formas de cultivo, hasta convertirse en agricultores.
Hoy en día, si dejáramos a alguien en medio de una selva, con una lanza y un par de piedras ¿sobreviviría? El concepto "matar por necesidad" sería aplicable, pero me temo que estamos más que desconectados de nuestro instinto cazador, ya que nos han acostumbrado a cazar las ofertas y no las presas. Así cualquiera.

Hace unos días tuve una conversación con alguien que alegaba la inferioridad de los animales como único derecho a acabar con sus vidas. Algo así como que un pollito que nace en una nave donde difícilmente va a ver la luz del sol, es razón suficiente para que acabe en una bandeja.
Joder, yo ante cosas así me quedo sin palabras.

De nuevo, dejo claro que no pretendo hacer cambiar de opinión a nadie, pero siendo realistas, las argumentaciones que defienden el consumo no me hacen temblar lo más mínimo. No quiero abrir debates, sólo invito a la reflexión. Ya me dijeron que me vería envuelta en varias así, incluso me aconsejaron mantenerme al margen, pero tal y como he empezado esta entrada... Siempre he defendido con gran vehemencia las causas que creo justas.


Quiero añadir, que yo, Sarah, he seguido durante algún tiempo la dieta Paleo, que es exactamente lo opuesto a lo que en este post defiendo.
El consumo de carne como base de la dieta, por acercarnos de nuevo a la alimentación que en esa época se practicaba (por causas obvias), evitando cualquier producto procesado y ajustándose a productos frescos y de origen animal.
Sabía que a nivel biológico era lo que más se asemejaba a una "alimentación ideal", debido a la historia que hay detrás. Pero mi cabeza nunca me dio tregua.
Seguí también la dieta del Rh. Yo soy O-, grupo sanguíneo universal, junto con el O+ fueron los primeros que se descubrieron en la historia. El Rh del hombre cazador que luego daría paso a los A, AB (Rh del agrícola - recolector). Un punto más a favor de la ingesta de carne como pilar fundamental. 
Y aún así, teniendo poca opción, ya que las legumbres y cereales me sientan como una patada en el culo, decido dejarme llevar por mi conciencia más que por mi "genética" y eliminar cualquier rastro de sufrimiento en mi digestión.

Soy una completa ignorante y debo documentarme muchísimo sobre el movimiento vegano, pero hasta aquí os he hablado desde el corazón, y eso no se estudia.

Ruego me respeten. Al igual, que aunque muchos lo duden, yo respeto a los demás.

domingo, 26 de julio de 2015

Carne como producto: tomar conciencia.

Trabajo en el sector hostelero y me encanta.

El trato directo con la gente, la agilidad que mi trabajo requiere; cada día estoy más segura de que es un ambiente en el que me siento cómoda y en el que me gusta desarrollarme laboralmente. Aunque a veces me doy de narices con algunas realidades:

El eje del bar donde estoy son los zumos recién exprimidos. Hay muchísmos con combinaciones deliciosas. Tengo la suerte de poder probarlos todos, incluso de hacerme mis propias mezclas. También servimos ensaladas y sándwiches con recetas propias. Los preparamos nosotros, y muchos de nuestros productos contienen proteína animal.

Ayer estaba troceando pechugas de pollo para montar unos bocadillos, cuando tuve que abstenerme del acto reflejo de chuparme los dedos. 
Desde que tomé la firme decisión de ser vegana he evitado probar todo aquello, aún cocinándolo yo, que contenga producto animal. Y es así, pero quien trabaje o haya trabajado en cocina entenderá, como yo también entiendo, que hay que probar todo aquello que se produce en un establecimiento antes de exponerlo a la venta y consumo.
Mis compañeros saben cual es mi nueva "condición", y aunque a veces se preguntan qué como, lo apoyan totalmente. Por lo tanto, cuando he de hacer algúna tarta, salsa, etc. que contenga proteína animal se ofrecen a probarlo por mi. Hasta ahí todo bien.
El caso es que, y volviendo al anécdota del "pollo troceado", me di cuenta de que sin quererlo, sigo viendo la carne como un producto. Es complicado interiorizar el concepto "muerte", "sufrimiento" o "dolor" y proyectarlo hacia lo que en su día fue un pollo vivo (que no feliz).
Creo que parte del "problema" erradica en que, no somos capaces de ponernos frente a la nevera del supermercado y ver esas bandejas plastificadas como lo que son: animales muertos. Lo vemos como lo que pretenden vender: bandejas de pechuga, alitas, butifarras, bistecs, aros de merluza, lomos de salmón.
Sería insoportable empatizar con todos esos deshechos hasta el punto de oír sus gritos al ser degollados, desangrados, maltratados, encarcelados, asfixiados. Pero por lo contrario, es absolutamente desconcertante que a nadie le pase por la cabeza ni por un momento que eso ha sucedido, y que va a servir sobre su mesa todo ese dolor como alimento.

Los vídeos que circulan en las redes sociales sobre la elaboración de cualquier producto animal son pura agonía. Pero hace falta un poco más. Parece que eso haya pasado en una realidad paralela y que no tenga nada que ver con el filete que te estás echando a la boca. Creo que ese es el punto clave donde hay que despertar conciencia. La sociedad se ha insensibilizado de tal manera que el sufrimiento ajeno no nos preocupa si no nos da de frente. Nos han acostumbrado a consumir sin plantearnos ni siquiera el qué ni el cómo.
Nos presentan un producto limpio y plastificado listo para el consumo, pero ¿tan poco poder de decisión es el que nos permiten? ¿Tan predeterminados son nuestros códigos como para poder cambiarlos? ¿Tan ciegos estamos?

Esas son las secuelas más inmediatas - y negativas - que he visto en mi desde que soy vegana. Entre el animal vivo y el animal que te comes sólo hay una diferencia, y es la que se refleja en esos vídeos que tanto te niegas a mirar porque: "pobres, no quierlo verlo". 
Por eso espero poder deshacerme de toda esa ignorancia que año a año se ha ido tejiendo a modo de venda.
Y haciendo un último apunte, cierto es que echaré de menos el sabor de muchos productos de procedencia animal. No quiero engañar a nadie y menos a mi misma. Ya dije que no era una carnívora de manual, pero sí que he disfrutado comiendo alimentos que ya no entran dentro de mis márgenes alimenticios. Pero la decisión es firme y la causa pesa más que cualquier ciego placer que pueda comerme. 
Hay un mundo lleno de posibilidades, y no quiero ni mucho menos que suene a premio de consolación. Si realmente tuviera la más mínima duda me hubiera buscado excusas para seguir consumiendo carne, como hace la mayoría de gente. 
La de "porque me gusta demasiado" es buena. A mi me gusta más la vida, sin tener que comerme la de nadie.

PD: Tras leerle el borrador a alguien para ver qué le parecía me ha dicho que el tono final suena agresivo. Nada más lejos de la realidad. No lo soy, pero sí me considero tajante.

jueves, 23 de julio de 2015

Punto de partida.

Desde que recuerdo he pasado por muchísimas etapas distintas a la hora de acogerme a una u otra alimentación.
Como anécdota siempre me gusta recordar lo "rara" que me sentía en e colegio, cuando a la hora del recreo, mientras todos mis compañeros desayunaban Donetes o Bollicaos, yo comía con cierto reparo el sandwich integral con pimiento asado y aceitunas que me preparaba mi madre.
En casa sustituíamos los san jacobos de la cena por tofu gratinado o filetes de seitán.
La verdura era plato obligatorio varias veces a la semana. Tan sólo los findes - que los pasaba en casa de mis abuelos, y ya sabéis que son, popularmente, surtidores de meriendas con altos índices de grasas saturadas - era cuando me atiborraba de kcal vacías.
Mi infancia fue época de agudos contrastes alimentarios, lo que dio lugar a una adolescencia algo minada por el desconocimiento, la inseguridad y muchos otros aspectos que seguramente pasaré a detallar en futuras entradas. Pero vaya, con esto quiero decir que la alimentación ha sido un eje importantísimo en mi vida, y un arma de doble filo. He dejado que arrasara con todo, enturbiando gran parte de mi mundo, y por lo contrario me ha ayudado a leer (y entender) la vida desde muchísimos prismas distintos.

En los últimos años he leído y aplicado en mi muchos tipos de dietas, así como la Dukan (de la cual no voy a hablar ni pretendo posicionarme, almenos no por ahora), la dieta del Rh, la dieta paleo, el crudiveganismo (lo sé, es un sinsentido) el ayuno intermitente... Todo ello iba motivado por mi curiosidad constante por probar nuevas cosas, y cada vez que un libro de temática (alimenticia, se entiende) distinto al anterior caía en mis manos, suponía un cambio de rumbo en mi cesta de la compra. 
También se vieron muy afectados todos estos vaivenes por el afán de querer entender la evolución humana y su alimentación, de la manera más natural posible, así como darle a mi estómago lo que está preparado para digerir. Ahí, reconozco, es donde me atrapó el movimiento paleo. Pero había algo en mi que no me permitía sentirme totalmente tranquila con esta "dieta" (aunque yo lo describo como estilo de vida #postureo), y era mi amada moral.
Siempre me he visto indecisa entre lo que la evolución dicta y lo que mi conciencia me permite.
Me propuse durante un tiempo probar con el vegetarianismo, pero no me van las medias tintas y tampoco era una carnívora de manual. Así que el cambio hubiese sido mínimo.
Seguí dando tumbos en la cocina, combinándolo con métodos de entrenamiento complementarios.
He estado estos últimos meses meditando, aunque sin saberlo, hasta que un vídeo viral de FaceBook (en el que sale Frank Cuesta hablando de un programa de televisión donde utilizan a animales como objeto de entretenimiento) me hizo dar una palmada sobre la mesa y acabar con este dilema.
Las imágnes que vi en él no eran nuevas: las redes sociales se encargan de ensuciar conciencias con vídeos de este tipo; animales maltratados, niños desnutridos, violencia en las calles, prostitución, pobreza, enfermos que necesitan 200 mil likes para dar con un antídoto... sabéis de lo que hablo. Pero fue ahí, justamente, cuando él pronuncia la frase (y no porque sea él, porque tampoco soy audiencia potencial de este señor) "romper el alma". Salió la imagen de una osa enjaulada a la que le arrebataban a su cría para encerrarla durante días en una celda de dolorosas dimensiones. Los gritos desgarradores de esa osa por su cría explosionaron en mi cabeza y, por un momento no me valieron mis antiguas teorías sobre el hombre y su historia: la caza, la supervivencia, los rituales, los nómadas, la maldita proteína... No. Yo no quiero contribuir a que esta imagen se repita.
Yo no quiero que ni un sólo ser vivo pase por eso y menos para acabar en una cazuela.
Me vi con la obligación moral de no volver a alimentarme de sufrimiento, de angustia, de horror: de muerte.

Y así empecé. De eso hace hoy 20 días.