Trabajo en el sector hostelero y me encanta.
El trato directo con la gente, la agilidad que mi trabajo requiere; cada día estoy más segura de que es un ambiente en el que me siento cómoda y en el que me gusta desarrollarme laboralmente. Aunque a veces me doy de narices con algunas realidades:
El eje del bar donde estoy son los zumos recién exprimidos. Hay muchísmos con combinaciones deliciosas. Tengo la suerte de poder probarlos todos, incluso de hacerme mis propias mezclas. También servimos ensaladas y sándwiches con recetas propias. Los preparamos nosotros, y muchos de nuestros productos contienen proteína animal.
Ayer estaba troceando pechugas de pollo para montar unos bocadillos, cuando tuve que abstenerme del acto reflejo de chuparme los dedos.
Desde que tomé la firme decisión de ser vegana he evitado probar todo aquello, aún cocinándolo yo, que contenga producto animal. Y es así, pero quien trabaje o haya trabajado en cocina entenderá, como yo también entiendo, que hay que probar todo aquello que se produce en un establecimiento antes de exponerlo a la venta y consumo.
Mis compañeros saben cual es mi nueva "condición", y aunque a veces se preguntan qué como, lo apoyan totalmente. Por lo tanto, cuando he de hacer algúna tarta, salsa, etc. que contenga proteína animal se ofrecen a probarlo por mi. Hasta ahí todo bien.
El caso es que, y volviendo al anécdota del "pollo troceado", me di cuenta de que sin quererlo, sigo viendo la carne como un producto. Es complicado interiorizar el concepto "muerte", "sufrimiento" o "dolor" y proyectarlo hacia lo que en su día fue un pollo vivo (que no feliz).
Creo que parte del "problema" erradica en que, no somos capaces de ponernos frente a la nevera del supermercado y ver esas bandejas plastificadas como lo que son: animales muertos. Lo vemos como lo que pretenden vender: bandejas de pechuga, alitas, butifarras, bistecs, aros de merluza, lomos de salmón.
Sería insoportable empatizar con todos esos deshechos hasta el punto de oír sus gritos al ser degollados, desangrados, maltratados, encarcelados, asfixiados. Pero por lo contrario, es absolutamente desconcertante que a nadie le pase por la cabeza ni por un momento que eso ha sucedido, y que va a servir sobre su mesa todo ese dolor como alimento.
Los vídeos que circulan en las redes sociales sobre la elaboración de cualquier producto animal son pura agonía. Pero hace falta un poco más. Parece que eso haya pasado en una realidad paralela y que no tenga nada que ver con el filete que te estás echando a la boca. Creo que ese es el punto clave donde hay que despertar conciencia. La sociedad se ha insensibilizado de tal manera que el sufrimiento ajeno no nos preocupa si no nos da de frente. Nos han acostumbrado a consumir sin plantearnos ni siquiera el qué ni el cómo.
Nos presentan un producto limpio y plastificado listo para el consumo, pero ¿tan poco poder de decisión es el que nos permiten? ¿Tan predeterminados son nuestros códigos como para poder cambiarlos? ¿Tan ciegos estamos?
Esas son las secuelas más inmediatas - y negativas - que he visto en mi desde que soy vegana. Entre el animal vivo y el animal que te comes sólo hay una diferencia, y es la que se refleja en esos vídeos que tanto te niegas a mirar porque: "pobres, no quierlo verlo".
Por eso espero poder deshacerme de toda esa ignorancia que año a año se ha ido tejiendo a modo de venda.
Y haciendo un último apunte, cierto es que echaré de menos el sabor de muchos productos de procedencia animal. No quiero engañar a nadie y menos a mi misma. Ya dije que no era una carnívora de manual, pero sí que he disfrutado comiendo alimentos que ya no entran dentro de mis márgenes alimenticios. Pero la decisión es firme y la causa pesa más que cualquier ciego placer que pueda comerme.
Hay un mundo lleno de posibilidades, y no quiero ni mucho menos que suene a premio de consolación. Si realmente tuviera la más mínima duda me hubiera buscado excusas para seguir consumiendo carne, como hace la mayoría de gente.
La de "porque me gusta demasiado" es buena. A mi me gusta más la vida, sin tener que comerme la de nadie.
PD: Tras leerle el borrador a alguien para ver qué le parecía me ha dicho que el tono final suena agresivo. Nada más lejos de la realidad. No lo soy, pero sí me considero tajante.
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